... Y me recibió la ciudad - Poesía

y me recibió la ciudad
 
Mi corazón joven, ilusionado, hambriento
huye de su rutinaria vida con latido acelerado.
Anhela alcanzar su ideal colmado
de amistad, honradez y humanos sentimientos
de una vida nueva y emergente
de primicias y novedades nacientes.
 
Mi cultura pobre, escasa, poco ilustrada
por la nula instrucción recibida
me produce temor a la misma vida,
pero no me asusta ni me achanta,
ni me quita esperanza, ni ilusión.
Me lo dicta el corazón.
 
Tierras, para mí extrañas, me acogen.
Mi sorpresa, se torna en emoción
al ver que esta nueva nación
con las manos extendidas, me ofrece
lo que yo andaba buscando,
y con generosidad me va entregando.
 
La ciudad que me tocó, era pobre y rica.
Bastante pobre  de bienes terrenales,
mas rica en los espirituales y morales.
Pobre, pobre para casi todos los demás,
mas yo sabía que era incierto,
porque la riqueza se hallaba dentro.
 
Viví luchas civilizadas y apacibles,
en busca de la verdad perdida
y de la libertad bien merecida
después de tantos años de ignorancia,
que cegado por la venda del conformismo
no me tapó mi situación de ostracismo.
 
Es así como una nueva vida emprendí,
me lo dictaba el corazón
y colmado de una gran ilusión,
mi sabiduría interna cedí a aquellos
que, como yo, hacía tantos años
llevaban, la verdad buscando.
 
 
Hasta entonces, para mí imposibles
y existen, sí,  estas luchas
cuando en juego está tu hucha,
tu bienestar, el de tu familia
y el de los que contigo llegaron,
buscando la prosperidad que aquí encontraron.
 
La ciudad pobre y  rica a la vez
muchas cosas me enseñó
todas ellas a cual mejor,
mas una, entre todas me quedo:
con la comprensión de lo ajeno,
que por no ser mío, ya no sea bueno.
 
Ahora, otros tiempos llegan
otras personas nos enriquecen
con sus culturas y ecos diferentes:
tonos, hablas, atuendos, caracteres
colorean de aires nuevos la ciudad
para hacerla más rica y universal.
 
Y la ciudad pobre y rica a la vez
acepta esta gran diversidad
con la misma generosidad
que en los tiempos en que yo llegué.
Ya no es tiempo de luchar,
sólo es tiempo de entender.
 
La ciudad: Santa Coloma.
El hombre: sin nombre.
La lucha: la vida.
La ilusión: toda.
El futuro:
 
 
A  Santa Coloma de Gramenet, ciudad integradora
 
 
Jesús Martínez Anguita