Uno de mis mayores secretos confesados, es que soy un amante, un entusiasta de los vinos dulces, siempre los he defendido a ultranza, y creo que se les debe dar el reconocimiento gastronómico, que se merecen, pues es todo un placer acabar una buena mesa, con un fantástico postre y este sin duda es merecedor de que se le acompañe con un gran vino dulce el cual es su mejor aliado.






Cuando, el vino es una sinfonía de aromas y las burbujas se convierten en arte, cuando al contacto de la boca y el cava se convierte en una mouse y crees que tocas el cielo de los sentidos sin dudarlo es que estas catando Uvae.
Llega el despertar del buen tiempo, nos llega la primavera y con ella, los días mas largos, bonitos atardeceres y despertamos del reposo invernal, de la apatía que genera el invierno. Con este despertar nuestros sentidos se activan, y nos apetece volver a juntarnos con nuestros amigos a comer o cenar, llega ese tiempo donde se agradece la copa de un buen vino de Rias Baixas, y eso es lo que hoy traigo debajo del brazo.